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© Lucila Muntaner Photography

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Detalles del cotidiano

Actualizado: 26 de feb de 2019



Tengo que salir. Estoy cuidando el departamento de unos amigos que se fueron a Paraguay y tengo que ir a limpiarlo porque mañana llega gente de Airbnb. Antes de entretenerme escribiendo esto mi recorrido iba a ser: Ir en la bici a buscar un paquete que habia llegado al correo, volver, dejarlo en casa e irme de nuevo con la bici a acomodar el departamento para los huespedes. Sali en la bici, llegue al corrreo, busque el paquete, pero resulta que (como ya sabia) el paquete era muy grande y despues de varios intentos fracasados de subirme a la bici con el paquete (abajo del brazo, abajo de la axila, arriba del manubrio, entre el manubrio y mi panza), y de pensar en cuantos dientes me iba a romper cuando me cayera, y lo caro que me iba a salir, porque..estoy en Estados Unidos y la salud aca es excesivamente cara (para que se den una ida pedir una ambulancia sale 1000 dolares y no la cubre casi ninguna obra social) desistí y decidi caminar llevando el paquete en un brazo y la bici en el otro. No llegue a caminar ni media cuadra que una camioneta blanca se paró al lado mio y me pregunto si necesitaba ayuda y a donde iba. Es la primera vez que alguien en una camioneta se frena para hablarme, pero no es la primera vez que la gente intenta tener o tiene un gesto amable conmigo -hace unos meses venia cargando un pallet para la huerta que tengo en el balcón y un señor que me vió se acercó para ofrecerme ayuda-. Mire al hombre, mire la camioneta. Posiblemente el señor, que salia desde el mismo lugar que yo, me habia estado viendo en mis más de 10 intentos por subirme a la bici con el paquete y la realidad es que le debo haber dado un poco de lastima. Le dije que gracias que no necesitaba ayuda, pero el insitió y me dijo que él me lo podía alcanzar hasta mi casa si quería y a eso agregó “If you trust me”.

A todo esto ya habiamos estado hablando algo así como 1 minuto mientras el auto de atras esperaba (sin tocar bocina) que nosotros llegaramos a un acuerdo. Vivo como mucho a 10 cuadras del correo...como muuucho, y el paquete no pesaba nada..osea que de verdad que no necesitaba ayuda, pero ante su insistencia le di el paquete y le dije mi direccion, el arrancó y yo hice lo mismo en la bici. En ningun momento desconfié, no se me cruzó ni siquiera por la cabeza. La gente aca es muy amable, y enseguida se acercan cuando sienten que pueden ayudar. Mientras volvia en la bici pensé que en Argentina si un auto se me para al lado ni siquiera giraría la cabeza, y posiblemente aceleraría el paso, o diría “no gracias” sin mirar ni escuchar lo que me estan diciendo. Llegue a casa, el hombre que ya habia llegado me esperaba con la camioneta todavia en marcha. Justificó su gesto diciendo que hacía demasiado calor para que me viniera caminando (y es verdad, porque en este momento estan haciendo 37º para ser exactos.), pero yo creo que en verdad quiso decir…“te vi que estuviste intentando subirte a la bicicleta cargando el paquete como diez veces y no pudiste”. Me limité a sonreirle y agradecerle nuevamente. Llegue a casa y me senté a escribir.

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